martes, 13 de enero de 2015

Una introducción a los cuencos tibetanos



El origen de los cuencos cantores parece remontarse a una antigua tradición pre-budista, de carácter chamánico y animista, que se dio en el Tíbet hará unos 3.000 años y que es conocida como Bön. Desgraciadamente, la falta de datos suficientemente contrastados hace que realidad y leyenda se entremezclen en un enigma sobre el cual se ha especulado y se sigue especulando muchísimo. Se dice, por ejemplo, que eran usados habitualmente por los monjes en sus prácticas de meditación y para realizar viajes astrales, aunque también es cierto que, durante su difusión a través de la Ruta de la Seda, fueron usados como utensilios domésticos. Según otras fuentes, sin embargo, el origen de los cuencos se remonta a la India del Buda Gautama hace aproximadamente unos 2.400 años, siendo introducido en el Tíbet, a la par que el budismo, entre los siglos II y VII de nuestra era. En cualquier caso, hay que añadir que la cultura del cuenco parece provenir de la Edad de Bronce en China y que se han encontrado cuencos de más de 3.000 años de antigüedad en algunas excavaciones arqueológicas, si bien no se ha podido corroborar que tuvieran un uso terapéutico. 



Es importante tener en consideración que, a diferencia otros instrumentos sonoros tibetanos cuyo uso aparece bien documentado en el Canon Budista del Tíbet, no existe constancia escrita de que los cuencos fueran utllizados con un fin específico en los monasterios y lamaserías, dado que no formaban parte de los rituales budistas tibetanos "oficiales". A la ausencia de documentación escrita habría que añadir el secretismo y las evasivas con las que se encontraban aquéllos que intentaban arrojar algo de luz consultando a los propios tibetanos. A este respecto resulta significativa la experiencia que tuvo la autora Eva Rudy Jansen en un monasterio lama de Inglaterra y que aparece recogida en su libro "Los cuencos cantores: Cómo funcionan y cómo se usan" (1990): "me llevaron a una habitación pequeña y allí estaban los cuencos. Los escuché (...) Entre los mismos lamas, estos cuencos sólo se utilizaban en rituales secretos por aquéllos que son reconocidos maestros del sonido. Han aprendido a cantar las canciones rituales y también a tocar los instrumentos ritutales perfectamente. Utilizan los cuencos cantores en secreto y sólo para ellos, nunca en público, ni siquiera para otros monjes. Está terminantemente prohibido hablar de los rituales o de los mismos cuencos cantores. Esto es porque un conocimiento del sonido conlleva consigo un gran poder (...) Si preguntaras a un lama que tenga un cuenco cantor en las manos si es verdad que se usan con propósitos psíquicos, psicológicos y físicos, él sonreiría y respondería: Quizá".  


En realidad, resulta inverosímil concebir que un instrumento hecho a mano siguiendo un proceso tan elaborado, con la facultad de producir una gama tan amplia de sonidos armónicos o sobretonos y con una sonoridad tan expansiva capaz de perdurar por largo tiempo... tuviera una finalidad única y exclusivamente doméstica como recipiente de comida. Por el contrario, una explicación más plausible conllevaría reconocerles un uso ritual como recipientes para ofrendas a sus diferentes deidades, algo común tanto en el Budismo Lamaísta como en la religión chamánica tibetana de la tradición Bön. Esta teoría explicaría por qué su sonido tenía que ser puro y armónico independientemente de la fuerza con la que eran percutidos. En cualquier caso, y como concluyó uno de los consejeros del propio Dalai Lama al que le habían encargado la tarea de investigar acerca del enigmático origen de los cuencos cantores, la realidad es que muchos de estos cuencos fueron almacenados en lamaserías sin saber siquiera el motivo por el que habían sido creados originalmente.  

  
Los cuencos tibetanos estaban fabricados, tradicionalmente, a partir de una aleación de siete metales abundantes en el Himalaya. Según algunas fuentes, las aleaciones antiguas llevaban hierro y níquel extraído de los meteoritos caídos en el llamado "Techo del Mundo", dado que, por su gran altitud, el Tíbet es una zona habitual de impacto de estos meteoroides. El conocimiento que había entonces de los cuerpos celestes (Urano, Neptuno y Plutón aún no habían sido descubiertos) permitiría establecer las siguientes correspondencias según el metal: plomo (Saturno / primer chakra "Muladhara"), estaño (Júpiter / segundo chakra "Savadhisthana"), hierro (Marte / tercer chakra "Manipura"), cobre (Venus / cuarto chakra "Anahata"), mercurio (Mercurio / quinto chakra "Vishuddha"), plata (la Luna / sexto chakra "Ajna") y oro (el Sol / séptimo chakra "Sahasrara"). Cada uno de estos metales sagrados eran recogidos, fundidos, purificados y forjados para darles forma con un martillo, en un ceremonioso ritual que, según algunas fuentes, incluía la recitación de mantras específicos a fin de grabar en el cuenco la intención correcta. Al percutir el cuenco se activarían, de este modo, las propiedades terapéuticas de los metales con los que está fabricado, creándose así un armónico conjunto de frecuencias


Por supuesto no todos los cuencos presentan hoy día la misma composición. La aleación fundamental es la de cobre y estaño (bronce), a la cual se le irán añadiendo otros elementos en pequeñas proporciones hasta un total que suele oscilar entre un mínimo de tres y un máximo de nueve (incluso doce) metales. En la actualidad proliferan también cuencos de latón fabricados con una aleación de cobre y zinc de una calidad sonora muy inferior a los de bronce. Hoy día los cuencos tibetanos se fabrican principalmente en Bután, Nepal, India y Tíbet, si bien existen también cuencos procedentes de otras regiones tales como Mongolia, Siberia, Japón, China o Vietnam. Los cuencos cantores comenzarían a ser conocidos en Occidente a raíz de la invasión china del Tíbet en 1951 y la consecuente diáspora de tibetanos hacia tierras nepalíes e indias. Dichos refugiados se verían forzados a ganarse la vida mendigando y vendiendo sus escasas pertenencias, lo cual podría explicar la aparición de diversos objetos religiosos utilizados por los lamas tibetanos, incluyendo probablemente los cuencos tibetanos, en los mercados dichas zonas. El movimiento contracultural hippie de los 60 propiciaría la llegada de muchos occidentales a la India y Nepal, los cuales tendrían así la posibilidad de descubrir estos instrumentos y llevarlos a países como Holanda, Alemania y los Estados Unidos. En décadas posteriores se darían a conocer en otros países como España. 


Existen varias formas de accionar un cuenco tibetano. Las más comunes son mediante percusión y fricción, si bien, dependiendo del tipo de baqueta o maza utilizada, se puede conseguir una extraordinaria variedad de efectos y  matices. Por supuesto, no es necesario poseer una formación musical para poder trabajar con ellos, aunque eso no significa que no requieran de una cierta técnica para ser utilizados correctamente. En realidad, nunca se deja de aprender sobre ellos. La relación entre el cuenco y la baqueta utilizada para activarlo se presta, por cierto, a una interesante interpretación, como explica Jauset en su obra "La terapia de sonido: ¿Ciencia o dogma?": "Según la filosofía oriental, el cuenco tibetano, por su forma, se relaciona con la energía femenina ("yin"), ya que es un receptáculo que simboliza un vientre que da vida. A su vez, los batidores o baquetas con los que se activa, constituyen la energía masculina ("yang"). Su forma fálica representa la expresión creadora, esencial para la formación de nueva vida. Cuando se tañe el cuenco, la energía masculina provoca la vibración sonora, pues incide sobre la energía femenina que recobra vida. Se origina un sonido y, simbólicamente, se asemeja a un acto de creación" (2011:85). Por otro lado, en las tradiciones chamánicas, la baqueta sería además el elemento que portaría la "intención", conectando la mente con el corazón en un instante de creación de tintes sagrados. El sonido de los cuencos tibetanos es, de este modo, una manifestación del sonido del Vacío y del propio Universo.  


El cuenco tibetano es un instrumento de armonización natural cuyo sonido y vibración actúan tanto en un plano físico como emocional, mental y energético, permitiendo la actividad de ondas cerebrales tipo alfa (presentes en estados de relajación, meditación y calma lúcida) y theta, la dispersión de bloqueos energéticos, la limpieza de núcleos densos en el aura, la distensión del cuerpo, la liberación de tensiones musculares y el cultivo de la quietud, además de reforzar el sistema inmunológico, equilibrar ambos hemisferios cerebrales, estimular la creatividad y propiciar estados alterados de conciencia, entre otros efectos constatables empíricamente. En estos tiempos de estrés, dispersión y ritmo acelerado, el gico sonido de estos instrumentos sagrados nos invita a pararnos y a mirar en nuestro interior, calmando nuestra mente y ayudándonos a tomar más conciencia del momento presente y a conectar con nuestro Ser sagrado. Como resultado, es posible experimentar una profunda sensación de paz y alegría. Y ahí está, precisamente, el gran valor terapéutico de los cuencos tibetanos. Su sonido es, realmente, un bálsamo para el espíritu.  


Pese a la proliferación de cuencos torneados en serie, los más aptos para una aplicación terapéutica son, indudablemente, aquéllos que están labrados a mano, ya que éstos poseen una energía especial de la que carecen los que cumplen un propósito más puramente decorativo. Dicha energía es única, dado que no existen dos cuencos tibetanos artesanales que sean iguales: cada uno presenta su propia y exclusiva combinación de factores tales como el peso, el diámetro, el grosor, la composición y proporción de metales, la altura o la forma de sus bordes. Dichas variables, por supuesto, determinarán el propio sonido del cuenco, así como también, no menos importante, su cualidad vibratoria, haciendo de cada uno de ellos un tesoro excepcional. Y es que, a pesar de sus asimetrías, muescas, imperfecciones y abolladuras, el alma del cuenco está en su sonido. Ahí es donde radica la grandeza y belleza de los cuencos cantores tibetanos. En próximas entradas abordaremos otras cuestiones relacionadas con estos sagrados instrumentos, tales como los distintos tipos de cuenco, las posibilidades sonoras que ofrecen y las diferentes baquetas disponibles, con sus respectivas aplicaciones. 

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