Se cuenta que ya el propio Buda Gautama, allá por el 600 a.C., utilizaba en alguna antigua región nepalí el Gong como maestro espiritual, alentando y transmitiendo incluso su uso entre sus propios discípulos. Tras profetizar un cambio en la utilización del Gong y su resonancia, Sakiamuni envió a veintiséis apóstoles a lo más profundo del lejano Oriente con unas instrucciones muy claras y precisas: inscribir en la faz de cada Gong y Campana dos caracteres del chino mandarín, tai loi, los cuales podían traducirse como "el Bien ha llegado".
Dichas palabras procedían, en realidad, de una cuarteta atribuida al mismísimo Confucio (551-479 a.C.), contemporáneo de Sidarta Gautama, en la cual podía leerse fao kai tai lo, traducido como "el Mal se ha ido, el Bien ha llegado". De este modo, y mediante el uso extendido de dichos caracteres, Gautama estaría proclamando, antes de su mahasamadhi (retorno a la Fuente y fusión con lo Absoluto), el regreso de la Felicidad al mundo, la conexión del Cielo y la Tierra y la Espiritualización de la Materia, así como también el advenimiento del próximo Buda histórico a finales del siglo XX.
Esta nueva reencarnación búdica sería conocida como Maitreya, nombre que ha sido interpretado por algunos eruditos y exégetas como "Amorosa Bondad" y "Resonancia Universal". De esta forma, Maitreya se encarnaría en esta Edad de Conflictos, conocida en el Hinduismo como kali-yuga, con el fin de elevarnos e impulsarnos a una nueva Edad Dorada o satya-yuga en donde todos los seres puedan desarrollar su potencial gracias a la vibración espiritual cósmica del OM, el Gran Tono Gong de la Existencia. Y es que, tal y como el propio Sakiamuni enseñó a sus discípulos, no existe una mayor práctica espiritual para la humanidad que meditar en el sonido: by listening to the sound of one's own inner nature, disengaging from the sounds of the outer world, the way to enlightenment may be found (Don Conreaux).
¡Tai Loi!


